El 23 de febrero de 1923, Joan García Oliver, en una reunión llevada a cabo en el bar «La Tranquilidad», en el número 69 de la Avenida del Paralelo de Barcelona, junto al actual teatro Victoria, expuso ante los delegados de diversos grupos de afinidad anarquistas su táctica de la «gimnasia revolucionaria». Esta fue aprobada con el nombramiento de un comité de coordinación constituido por Aurelio Fernández y Ricard Sanz.
La táctica de la «gimnasia revolucionaria» era partidaria de un enfrentamiento permanente con el capital y el Estado burgués, con la finalidad de agudizar los posibles conflictos y provocar el estallido revolucionario que instaurase el comunismo libertario. Esta práctica de intransigencia implicaba un intento, por parte de grupos reducidos de militantes anarquistas, de desencadenar la movilización de las masas y la revolución.
Los principios de la táctica
Estos «anarquistas puros», en contraposición a los anarcosindicalistas, sostenían los siguientes puntos:
- Acción insurreccional: Los trabajadores debían lanzarse a acciones (principalmente la huelga revolucionaria) como forma de «ejercitarse» y ganar experiencia en el arte de la insurrección, aun con escasas o nulas posibilidades de triunfo inmediato.
- Espontaneidad y voluntarismo: Confianza plena en la reacción espontánea de las masas.
- Antipartidismo: Una marcada hostilidad hacia todos los partidos políticos, especialmente hacia los de corte marxista.
- Sindicatos como herramienta: El sindicato se concebía, ante todo, como un instrumento para la transformación revolucionaria, insistiendo en que la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) debía mantener objetivos revolucionarios (como el comunismo libertario, fijado desde 1919).
Evolución y críticas
Esta táctica se concretaría especialmente con el surgimiento de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y su estrategia insurreccional durante la Segunda República española. Sin embargo, recibió fuertes críticas del sector anarcosindicalista o sindicalista (el ala más moderada de la CNT), quienes argumentaban:
- La necesidad de fortalecer los sindicatos mediante la disciplina, la organización y las reivindicaciones graduales.
- El rechazo a «aventuras imprudentes» que solo provocaban un aumento de la represión estatal (detenciones, deportaciones y clausura de locales).
Por el contrario, los partidarios de la «gimnasia revolucionaria» veían estas críticas como posturas dóciles, reformistas y colaboracionistas que posponían indefinidamente la revolución. El desarrollo y las consecuencias de esta táctica constituyen uno de los capítulos más importantes de la historia de la CNT, al converger en ella problemas de estrategia, estructura orgánica y la finalidad última del movimiento cenetista.


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