Para nosotros, reivindicar el "vector social del anarquismo" significa afirmar que el anarquismo no es simplemente una actitud individual o una referencia estética, sino una fuerza histórica forjada en el seno de las clases oprimidas.
Creemos que el anarquismo debe actuar donde la gente vive, trabaja y resiste: en los barrios periféricos, en los centros de trabajo, en las ocupaciones urbanas y campesinas, en los sindicatos, los movimientos estudiantiles y las luchas territoriales. Es en este terreno social donde la OSL centra su energía militante.
Adoptamos el principio del dualismo organizativo, presente en la Alianza, de la que Bakunin era miembro, así como en las tradiciones plataformistas y especificistas del anarquismo, porque entendemos que, para ser efectiva, nuestra acción requiere dos formas organizativas complementarias. Por un lado, la organización política específica —en este caso, la OSL, unificada, programática, disciplinada y con unidad estratégica—; y, por otro, la organización popular y social —movimientos populares, sindicatos, colectivos comunitarios, luchas campesinas, estudiantiles y territoriales—.No creemos que la espontaneidad ni la mera suma de movilizaciones sean suficientes para construir un poder popular autogestionado capaz de acumular fuerza y transformar la sociedad de clases. Nuestra experiencia concreta nos ha demostrado que un esfuerzo político consciente, organizado y colectivo es necesario para transformar la energía social en una fuerza histórica capaz de enfrentarse al Estado y al capitalismo.
Por ello, criticamos el antiorganizacionalismo y las interpretaciones que reducen el anarquismo a una metodología táctica o a una sensibilidad individual. Nuestro compromiso es con un proyecto político revolucionario que articule teoría, estrategia y práctica en la lucha cotidiana.
Fuente: Extracto de un artículo de la Organización socialista libertaria, organización brasileña hermana de la U


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