La idea del Estado no solo incluye la existencia de un poder que se sitúa por encima de la sociedad, sino además la de una “concentración territorial” así como la concentración de muchas funciones de la vida de las sociedades en manos de unos pocos.
Acarrea algunas relaciones nuevas entre los miembros de la sociedad que no existían antes del establecimiento del Estado. Un mecanismo completo de legislación y política tiene que ser desarrollado para asegurar la dominación de unas clases sobre otras.
El Estado y su hermana la Iglesia se arrogan para ellos solos el derecho de ser la unión entre los distintos individuos.
En la historia de las sociedades humanas, el Estado es así una institución desarrollada para prevenir la asociación directa entre las personas, para encadenar el desarrollo de las iniciativas locales e individuales, para machacar las libertades existentes, para prevenir el nuevo florecimiento, todo esto para someter a las masas a la voluntad de una minoría.El régimen político al que las sociedades humanas estás sometidas es siempre la expresión del régimen económico que existe dentro de esa sociedad.
O bien el Estado eterno, machacando la vida local e individual, acaparando todos los campos de la actividad humana, trayendo con él todas sus guerras y sus luchas domésticas por el poder, sus revoluciones palaciegas que solo consiguen cambiar una tiranía por otra e, inevitablemente, al final de su desarrollo… ¡la muerte!
O bien la destrucción del Estado y una nueva vida comenzando de nuevo en cientos de centros, en el principio de la viva iniciativa de los individuos y los grupos y el libre acuerdo.
¡La elección depende de ti!


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