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26 julio 2026

¿Por qué los partidos ya no sirven al ciudadano?

En la España actual, bajo el marco del capitalismo tardío, los partidos políticos con representación parlamentaria han experimentado una mutación profunda. Ya no son organizaciones ideológicas al servicio de un proyecto colectivo, sino estructuras burocráticas diseñadas para la distribución de cargos, la captación de subvenciones y el enriquecimiento de sus miembros.

La militancia desinteresada ha sido sustituida por el oportunismo calculado. El militante que dedicaba tiempo y esfuerzo ha dado paso al "profesional de la política": un individuo que ve el carnet de partido como una inversión con alto rendimiento en sueldos, dietas, asesores y puertas giratorias.

Un problema estructural de todo el arco parlamentario

Esta degradación no es un accidente ni un problema de unas pocas “manzanas podridas”. Es un fenómeno estructural que afecta a todo el espectro político: PSOE, PP, Vox, Sumar, Podemos, PNV, ERC, Junts, Bildu o Coalición Canaria comparten el mismo modelo organizativo:

  • Cúpulas cerradas y listas electorales elaboradas por lealtades personales.
  • Financiación pública generosa (más de 70 millones de euros anuales solo en el Congreso).
  • Cultura interna donde el ascenso depende de la obediencia más que de la convicción.

Históricamente, los partidos de masas se concebían como instrumentos para cambiar la sociedad: educar cuadros, movilizar a la ciudadanía y disputar el poder con un horizonte transformador. Esa lógica ha desaparecido.

El partido como empresa del capitalismo tardío

Hoy, el primer objetivo de cualquier partido es sobrevivir como aparato. Para ello necesita recursos y una red de cargos públicos (ayuntamientos, diputaciones, empresas públicas, televisiones regionales) que movilicen votos y mantengan el sistema.

El resultado es una clase política profesionalizada que vive del erario público con sueldos que duplican o triplican la media salarial española. Cuando pierden el cargo, las puertas giratorias en consejos de administración actúan como su verdadero plan de pensiones.

Los perfiles que prosperan son los que mejor dominan la intriga interna, la lealtad ciega al líder y el manejo de redes clientelares. Ocurre en la derecha, en la izquierda "progresista" y en los nacionalismos: el discurso político se convierte en la envoltura emocional de una gestión clientelar.

¿Es posible recuperar la política como instrumento colectivo?

La respuesta ciudadana a este modelo es la abstención, el voto de castigo y el desapego institucional. Mientras los salarios reales se estancan y la vivienda es inaccesible, los presupuestos de los partidos y los sueldos de sus cargos siguen blindados.

Recuperar la idea del partido como instrumento colectivo exige cambios que los aparatos actuales resistirán:

  • Primarias abiertas y vinculantes.
  • Limitación estricta de mandatos e incompatibilidades reales.
  • Reducción drástica de subvenciones públicas y transparencia total.
  • Una sociedad civil organizada que deje de delegar pasivamente su poder.

Los pocos militantes honestos que aún quedan son una especie en extinción dentro de unas organizaciones que han dejado de ser partidos para convertirse en prósperas agencias de colocación con bandera ideológica.

Fuente: Periodismo alternativo

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